Varitas mágicas.

Hoy desperté enojada porque estoy de vacaciones y porque no hay manera humana de que el desayuno se haga solo y aparezca arriba de una mesita para desayunar en la cama. Y después me quedé reflexionando acerca de si la magia existe o no.

A mi de chica me decían “si desaparece algo que estabas usando es porque se lo llevó un duende” o cuando se me caía un diente “dejalo abajo de la almohada que viene el ratón Perez y a cambio de llevárselo te deja plata” y el mejor de todos “dejale la cartita a Papá Noel que él la lee y te trae lo que vos pedís”. Cada tanto sueño con una varita mágica que ordene mi casa, lave los platos, me haga ropa, me la planche, pero no.

Es increíble las cosas que creemos de chicos. O las cosas maravillosas en las que dejamos de creer cuando crecemos.

Crecemos y nos convencemos de que las varitas mágicas no existen, que la magia no existe. Cuando en realidad, desde el inicio del hombre, este intentó explicar todo al límite de decir que enamorarse es una reacción química. ¿Quién piensa cuando está enamorado “no estoy enamorado, estoy reaccionando químicamente a esta persona que tengo enfrente”? Si alguien piensa eso, humildemente creo que se está perdiendo de la posibilidad de ver la magia que hace una persona al sonreír generándonos una sensación de felicidad que es maravillosa.

El hombre, naturalmente, ha explicado todo a través de la magia hasta que ha encontrado con una explicación “racional”  que pudiera “controlar”. Y la ha cagado abismalmente. El amor no es racional ni controlado. Uno no elige de quién enamorarse después de hacerle un casting, me niego a creer que haya gente que piense eso.

Me he enamorado, conozco gente que se ha enamorado, veo gente enamorada y la magia que transmiten cuando se miran no entra en una reacción química.  Es más parecido a una varita mágica que los llena de felicidad.

 

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¿Qué es el amor?

Me acuerdo cuando pateaba veranos sin sol escuchando canciones de amor. ¿Viste esas canciones que te hacen sentir que el amor es sólo una cosa que pertenece a lo ideal?

Y así te va pasando la vida. Esperás y esperás. Te enganchás con uno, vas a la cama con otro, te fascina otro hasta que te encontrás.

Pero te encontrás con todo lo que significa la palabra “dar con alguien o algo que se busca”. Porque enamorarse es eso: encontrarse. 

Encontrarse en una mirada, encontrarse en una sonrisa, en un beso. 

Ese es (uno de los tantos) problemas humanos que hay hoy en día. Nos cruzamos, pasamos por al lado pero no nos encontramos. 

Hablamos pero no nos comunicamos, decimos, verborragiamos pero no escuchamos al otro. Y es que nadie te enseña a escuchar. Es más, los griegos crearon el arte de la “retórica” y de la “oratoria”, del hablar. Pero no del escuchar. 

Volviendo al comienzo, el amor es eso. Es escuchar al otro y es decirle, pero decirle que lo que está haciendo está mal. Porque para decirle a alguien “te quiero” todos tenemos huevos, pero para decirle “esto que hacés está mal” todos nos abrimos de brazos y dejamos que el otro se equivoque. No se lo decimos. Cuando el verdadero amor se demuestra así. ¿O acaso tu vieja que te ama como si te hubiera parido nunca te retó? Ahí es donde ves su amor.

Una persona le dijo a Randy Pausch cuando era niño que si su entrenador se tomaba el trabajo de decirle que podía esforzarse más y le marcaba los errores es porque realmente le interesaba como persona. Triste es perder a esa persona. Si perdiste a tus viejos, a tus abuelos, buscá a esa persona que te reta, pero que te reta desde el alma, desde el más profundo sentido del amor, esa persona, te lo está mostrando como si fuera un dibujo que tenés que ver. 

Con esa persona te tenés que quedar. 

Y cuidala, no sea que te pase como a mi, que la termines alejando. 

 

@SonriLinda

 

 

 

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Soledades perdidas.

Sentirse solo. 
Vivir soledades.
Pasar la soledad. 
Encontrarse.
Ocultarse. 

Soledades perdidas que se convirtieron en llantos.

@SonriLinda

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Reflexiones nocturnas.

No cené y después de la tercer copa de vino se me ocurrió pensarte.

No te extraño. El que estés lejos mío sólo hace que te piense más.

No sabría decirte cuántas veces escuché en mi vida que las cosas pasan por algo.

Lo creo. Lo pienso. Lo hago carne.

Sentarme a escribir es una de las mejores cosas que me han pasado últimamente.

Esto soy.

Soy las palabras que lees. Soy los silencios que escuchas.

Soy las lágrimas que me dejaste secar en las mejillas.

Soy lo que viste y lo que no viste.

Insomnio.

Te pienso.

Gasto tus recuerdos como quien agarra una lija y apreta contra la mesa para sacarle la pintura.

Miro por la ventana. Me distraigo.

Me dejo imaginar la cantidad de historias de los vecinos.

Soy esto. Esto que no te terminó de cerrar.

Esto que no te pude mostrar.

Esto que aprendí a ver de mi misma.

Soy la que se vistió vidas como si tuviera un placard infinito.

Soy Sonrilinda, Jhynha, la profe, la hija, la hermana, la amiga, la novia,

la que aprendió a verse en el espejo,

todas y ninguna.

Lorena

Lorena

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Lo que esperamos.

Recientemente una persona muy especial para mi se enojó porque esperaba algo de mi que yo no le dí. Más allá de si lo esperado era importante o no, simple o complejo me dejó pensando. 

¿Qué esperamos de los otros? ¿O qué esperamos de nosotros mismos? ¿Cuánto recibimos de lo que esperamos? ¿Cuánto luchamos por lo que esperamos de nosotros? ¿Cuánto nos defrauda el otro cuando no recibimos lo que esperamos? ¿Cuánto nos defraudamos a nosotros mismos cuando peleamos por lo que queremos y no lo tenemos?

Y es que no sólo es pensar en qué no dí sino en qué espero del otro. 

Les contaré un dato anecdótico. Hace casi cinco meses dejé la comodidad del nido para salir a volar sola con $500 en el bolsillo. Más de lo que muchos consumen en un año y menos de lo que gastan otros en un día. En aquella ocasión, me fui sin esperar nada, con la incertidumbre en la garganta, con el anhelo de algo mejor. 

Esta persona que muy bien sabe quién es, fue ese “algo mejor”. Hasta que no tuvimos esa pequeña diferencia en algo tan y muy simple no había tomado conciencia en todo su esplendor que eso que esperaba era él. Uno sale a rodar por la vida y en el camino lo defraudan tanto que se acostumbra y termina por no esperar nada de nadie. No porque sea lo más cómodo sino porque es más fácil sorprenderse y disfrutar de lo lindo que uno no espera que desesperanzarse el doble por lo que espera y no obtiene. 

Yo no te esperaba, ni siquiera quería enamorarme pero sucedió… y como ya lo he dicho “llegaste en el momento menos pensado pero más indicado”.

 

@SonriLinda

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En primera persona mi realidad supera tu ficción.

Tus labios rozando los labios de mi entrepierna. Tu lengua deleitando mi clítoris. Las piernas abiertas de lado a lado. Tus manos masajeando mi concha.
Siento tu transpiración. Mis manos tocan tus hombros. Mi vista se pierde en el horizonte limitado por el techo. Me dejo ir. Me dejás ir. Cierro los ojos y veo los gestos de tu cara sin verlos.
Siento la humedad de tu lengua en mis partes. En las que dejaron de ser mías desde que sentí tu pija en mi interior. En ese momento en que dejé de ser yo para ser una extensión de vos.
Para sentir que para sentirme completa necesito de tu pija en mí con ese vaivén penetrándome hasta el fondo.
Sentir que la cabeza de tu pija choca contra la pared de mis ovarios. Una vorágine de fiebre sin enfermedad.
Asiento. Bajo. Abrirme espacio entre las sábanas y sentir tus manos sosteniendo mi pelo. Tocarme la concha mientras espero que termines en mi boca. Sumisa de tus ganas y reina de tus partes.
El orgullo y las ganas vencidas después de cabalgarte. De sentirte  cuidándome irremediablemente.
Amándome sublimemente.
Darme vuelta y convertirme en un gato en cuatro patas. Ser tuya hasta el cansancio. Sentir que tu pija crece de tamaño. Abundan las venas que marcan el placer en mí.
Sentirte en el fondo. Mientras yo te siento con mis espasmos de gozo. El placer que genera tu pija en mi interior. Sentirme una siendo dos no me pasó nunca.
Tocarme sabiendo que puedo chuparte la pija de la manera que quiera. Tocarte. Sentir tu piel en la yema de los dedos. Sentir tu pija suave con la lengua.Saber que dejó de ser tuya para convertirse en mi fetiche. Tu pija es mía. Te la chupo hasta que me duela la mandíbula. Hasta que no pueda con mis músculos faciales. Esos que te hacen ver estrellas y sentir que la cama se convirtió en el cielo y el infierno a la vez.
Te trago. Soy lo que dejás. Recojo tus orgasmos y tu leche y la convierto en parte de mi misma. Dejás de ser vos para ser mío. Para que yo sea una parte de vos.
Tocarme hasta el orgasmo cuando no estás. Porque me cogés aunque tu cuerpo no esté. Porque te deseo viendo una película en el cine o sentado tomando un café.
Sueño despertarme al lado tuyo el resto de mis días. Convertir los días en noches. No imagino ni la luna ni el sol sin vos.
Ni me imagino cogiendo con otro tipo porque a vos es a quien quiero arriba, abajo, de lado, en cuatro, de frente, de espalda… cogiéndome.

@SonriLinda

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Microcuento para dormir sin paz. I

De caminos que se encuentran en abismos comunes. 

 Alejandra subía al mismo colectivo cada día. Era agotador salir a trabajar, la rutina, el frío del otoño, el fastidio de tener que soportar a su jefe. Al decir el valor del boleto, el chofer marcaba en la máquina el precio y la desnudaba con la mirada. Una y otra vez, cada día.

El chofer esperaba que se dirija al fondo de la unidad para mirar el espejo retrovisor y lamerle las nalgas con los ojos. Lo veía redondo, durito. Sabía que se ejercitaba en algún gimnasio lo suficiente para mantener su cuerpo delgado y en forma.

Al sentarse, ella se ponía los anteojos, leer en el colectivo la mareaba. Se hundía profundamente en la lectura mientras él la miraba. La miraba con esos anteojos, se los sacaba despacio para no romperlos. Y bajaba. Su mano acariciaba despacio sus pechos abrigados por tanta ropa. Aún así podía sentir cómo sus senos se endurecían de deseo. Con la otra mano tocaba su pubis. El jean no lo dejaba sentir la humedad que él necesitaba sentir para que su entrepierna dispare la dureza necesaria para desear penetrarla.

En cada semáforo le sacaba una prenda, quería poseerla.

Con cada prenda que le sacaba su lengua recorría el cuerpo de Alejandra de manera devastadora. El fuego de la entrepierna mezclada con la miel del apetito sexual lo calentaba, lo fortalecía, podía partir una roca si quería con toda la adrenalina que sentía. Su lengua jugaba con los ojos de un dragón que escupía deseos de fuego hervido.

 

La noticia del choque que terminó con la vida de todos los pasajeros de la línea 237 recorrió los canales. El chofer ya no tenía por dónde pasar a buscar a Alejandra. 

@SonriLinda

 

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